Por África Pérez Alexandre, 3ºA
He roto mi alma.
Me he destrozado a mí misma.
Toqué fondo. Lo hice en más de una ocasión y cada vez que lo hice descubrí que nunca he sabido con exactitud cómo de profundo es el fondo.
Me he encontrado con mis más ocultos miedos. Aquellos que desconocía.
Tuve que enfrentarme a ellos y así averiguar que no soy tan fuerte como me he ido autoconvenciendo con el tiempo.
Pero, gracias, sí, gracias a todo eso, ahora me conozco a mí misma.
Ahora sé mis puntos débiles y qué ocurre cuando se les golpea.
Conozco los miedos que antes para mí no estaban presentes; también sé cómo sobrellevarlos.
Admito que mi persona sigue en obras.
Yo sigo de obrera, de pie en los andamios
de mi interior,
pegando con hormigón las esquinas de cristal que cayeron
cuando mis problemas se estrellaron.
Todavía sigo renovándome.
No sé cuánto durará el proceso, pero sí sé
que cuando finalice, mi nuevo yo representará la ceremonia de inauguración,
celebrando un gran logro personal.














